Indigente murió en la calle; la primera víctima del frío

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Farías era conocido como el cacique y se había “adueñado” de una plaza.

Cubierto por una manta vieja fue hallado muerto el pasado domingo en un rincón de la Plaza Juan Ramón Gómez un hombre a quien llamaban Farías. Según una versión, hacía unos días que se lo veía mal, engripado por lo menos.

—Yo me lo encontré la otra semana y le dije a mi esposa: éste no pasa de este año. Pero a los dos días ya se murió de hipotermia— contó a El País un vecino que tiene su casa frente a la plaza.

Otros residentes en la zona explicaron en cambio que Farías se sintió mal, caminó hacia el local de una veterinaria cercana y cayó muerto a causa de un infarto.

Nadie sabe con precisión cuántos años de edad tenía la víctima aunque calculan que más de 40. Todos coinciden en que Farías era un tipo carismático, seguido por varias personas en situación de calle, que solían estar drogados o alcoholizados, que deambulaban insultando, y en las madrugadas cantaban a los gritos.

La muerte del líder cambió de inmediato esa vida cotidiana en la plaza, la gente retornó a los bancos a tomar mate, o con sus niños a los juegos que instaló la Intendencia de Montevideo en 2014 y casi nunca eran usados debido a la inseguridad sufrida en el lugar o por lo menos al malestar generalizado.

Ahora merodean por las inmediaciones de la calle Durazno y Minas algunos indigentes, uno de ellos compinche de Farías, pero sin la capacidad manifestada por éste para aglutinar gente gracias a un fogón en donde se hacía un asado o un puchero. Para “parar la olla”, Farías fomentaba una relación de cercanía con los vecinos y comerciantes, aunque la mayoría de estos comenzó a estirar la distancia después de dos años de conflictos en aumento.

El autoproclamado candidato a suceder a Farías, para empezar, parece que no se lleva bien con los pocos “subalternos” que se le acercan.

—Van y vienen, pero por poco rato, son transitorios, se pelean entre ellos y se van. No como antes, cuando estaba Farías y todas las tardes y noches eran insoportables, porque él mandaba el día entero a los otros, a decenas, hasta mujeres con niños, que eran de un refugio del Mides— contó otro vecino de Palermo.

En el único pequeño pulmón que existe en este barrio, desde la rambla hasta 18 de Julio, de milagro nunca hubo que llamar a los bomberos, porque los riesgos abundaban. Las fogatas para cocinar eran armadas muy cerca de la caja plástica en donde está el tablero de llaves térmicas del alumbrado público, junto a los automóviles estacionados en Durazno.

Los vecinos, que habían levantado firmas y denunciado más de una vez el estado de cosas ante la policía, la Intendencia, el Muncipio B y el Mides, esperan que estas autoridades retomen el control de la plaza.

Con Información El País

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